Durante la década de los 90, saltaron todas las alarmas con un movimiento o subcultura que se denominó "Pro-Ana". Este movimiento se caracteriza por promover y "celebrar", por así decirlo, la anorexia, defendiéndolo como un modo de vida que ha sido elegido, y no como una enfermedad o un trastorno alimentario.
En los últimos tiempos, este movimiento (conformado generalmente por chicas jóvenes, aunque el sexo es indiferente para pertenecer a él) se ha extendido gracias a la red de Internet: webs, foros y blogs se convirtieron en lugares de "reunión" virtual para miles de personas que reclamaban su modo de vida, y compartían ideas y "trucos" para llevar la situación e incluso ocultársela a la gente de su alrededor.
El tema parecía estar más calmado, pero con el mayor uso de redes sociales, en especial Twitter, las autoridades han vuelto a advertir de la gravedad del asunto. En esta red social, se han detectado varios perfiles que intercambian drásticos trucos para perder peso, según han denunciado muchos usuarios en las últimas semanas.
El Ministerio de Sanidad ha declarado al respecto que, sin embargo, "judicialmente no se pueden cerrar estas páginas porque no cometen ningún delito, aunque sean perjudiciales y nos preocupen. Por eso, lo que intentaremos es no darles difusión y haremos un seguimiento semanal, un barrido, para detectar este tipo de contenidos".
La preocupación aumenta entre las familias de las personas afectadas: muchas chicas entran en un juego peligroso que puede llegar a ser a vida o muerte, haciendo competiciones por ver quién come menos o quién adelgaza más en un tiempo determinado.
Pero, como hemos visto, las autoridades no pueden hacer nada para cerrar estos perfiles que promueven este "modo de vida" que ellas han "elegido".
El tratamiento para curar este trastorno es largo y difícil, y necesita la intervención de todo el entorno de la persona afectada, pero, ¿qué hacer cuando esa persona está empeñada en mantener esa forma de actuar y de pensar?
La actuación de la familia y el entorno cercano, en cualquier caso, es absolutamente crucial para mejorar esta dura situación.
miércoles, 15 de enero de 2014
El regreso de la subcultura "Pro-Ana"
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martes, 14 de enero de 2014
La moda "youtuber", ¿entretenimiento o negocio?
¿Qué es ser "youtuber"?
El término viene sonando cada vez más desde hace unos cuatro o cinco años, cuando aprovechando la existencia de la empresa y web "YouTube" como plataforma, empezaron a aparecer personas, normales y
corrientes, que comenzaron a coger sus videocámaras, a grabarse a sí mismas y a colgarlo en la red.
Estos últimos años, el fenómeno ha ido creciendo y se ha establecido también aquí en España. Cientos (si no miles) de personas, la mayoría jóvenes, crean su propio contenido audiovisual para subirlo a YouTube y compartir sus ideas, pensamientos y locuras con todo el que pueda verlo, necesitando para ello solamente una cámara de vídeo y un ordenador.
¿El contenido de los vídeos? De cualquier tipo: puedes encontrar a personas compartiendo su día a día, su vida, con los espectadores, a jóvenes "gurús" de la moda enseñándote a vestirte y maquillarte de mejor manera, a alocados personajes humorísticos creados por futuros profesionales del mundo del entretenimiento, o miles de tutoriales para triunfar en el mundo de los videojuegos, entre otros.
Pero desde hace un par de años, este fenómeno ha dado un giro más radical, y ha entrado en una nueva dimensión: la de negocio. Aunque lo más habitual es conseguir una cantidad de público moderado, hay bastantes excepciones en las que una persona (o varias) con un canal de YouTube consigan miles y miles de "suscriptores" (personas que acceden a suscribirse al canal para ser avisados cada vez que se sube un nuevo vídeo), y con ello, los intereses económicos, empresariales y publicitarios.
El "partner" de YouTube consiste en un contrato firmado con la misma empresa de la web o con otra distinta, que contacta con anunciantes e inserta publicidad en los vídeos que se suben, a cambio de un porcentaje de los beneficios que den esos anuncios (beneficios que suelen oscilar entre el 60% y el 80% del total).
Quizá para una persona que consiga un éxito moderado, esto no sea demasiado, pero para un canal de YouTube que llegue a los impresionantes números de cientos de miles o incluso millones de suscriptores, esto supone llevarse a casa un sueldo mensual que, aunque no sea fijo, puede llegar a superar varios miles de euros.
El caso más conocido en España es el de "El Rubius", un chico que empezó a jugar a videojuegos mientras se grababa comentándolos y lo subía a la plataforma de YouTube. Su carisma le consiguió, en pocos años, nada menos que cuatro millones de suscriptores (y subiendo), con lo que cada mes se embolsa una cantidad que puede llegar a superar los diez mil euros según las estimaciones y análisis realizados por webs como SocialBlade.
Y eso no es todo: con el público, llegan las empresas interesadas. Cada vez más de ellas son conscientes del potencial de estos "youtubers", y les ofrecen productos gratuitos, promociones y "sponsor", a cambio de mencionar estos productos en sus vídeos.
Visto de esta forma, aparte de un fantástico modo de entretenimiento, parece un negocio redondo. El problema es... ¿cuál es el secreto para gustar a tanta gente y llegar hasta semejantes números?
El carisma, la originalidad y la frescura son algunas de las características mejor valoradas por los usuarios de YouTube, pero, por desgracia, no todo el mundo posee estas características.
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